
A ver si explico mí sueño:
Esta noche soñé que estaba en el tiempo ese anterior, cuando se aprobó la Constitución española y se me otorgaba el derecho al trabajo. Pasó poco a poco inexorable el tiempo. Yo vivía aún con mi primera familia, no me había dejado mi primera mujer pues teníamos unos ingresos y una casa, humilde pero suficiente para mantener a nuestros hijos, curiosamente en el sueño tenía una parejita, en la vida real solo tengo una amadísima y buenísima para conmigo hija. Yo, en el sueño, poco después, tenía un pequeño negocio y por tanto al trabajar cotizaba a la seguridad social. Mi médico de cabecera, sabedor de los terribles esfuerzos y dolores que me produce tanto en mi pierna como en la cadera, las secuelas de la polio y la actividad laboral, me recomendó para tratar de subsanar en lo posible y mejorar, que asistiera a un centro de rehabilitación para que tras unos meses de ejercicio, pudiera reincorporarme a mi tarea. Así que él, en esos momentos, expendió la baja médica. Yo llevaba años trabajando legalmente y con contrato, no sin él como me sucedió tantas veces en la vida despierta, y por tanto, tenía cumplido el periodo de carencia: esos 180 días dentro de los últimos cuatro o cinco años.
Esta noche soñé que estaba en el tiempo ese anterior, cuando se aprobó la Constitución española y se me otorgaba el derecho al trabajo. Pasó poco a poco inexorable el tiempo. Yo vivía aún con mi primera familia, no me había dejado mi primera mujer pues teníamos unos ingresos y una casa, humilde pero suficiente para mantener a nuestros hijos, curiosamente en el sueño tenía una parejita, en la vida real solo tengo una amadísima y buenísima para conmigo hija. Yo, en el sueño, poco después, tenía un pequeño negocio y por tanto al trabajar cotizaba a la seguridad social. Mi médico de cabecera, sabedor de los terribles esfuerzos y dolores que me produce tanto en mi pierna como en la cadera, las secuelas de la polio y la actividad laboral, me recomendó para tratar de subsanar en lo posible y mejorar, que asistiera a un centro de rehabilitación para que tras unos meses de ejercicio, pudiera reincorporarme a mi tarea. Así que él, en esos momentos, expendió la baja médica. Yo llevaba años trabajando legalmente y con contrato, no sin él como me sucedió tantas veces en la vida despierta, y por tanto, tenía cumplido el periodo de carencia: esos 180 días dentro de los últimos cuatro o cinco años.





